20/9/17

Todas las hojas tienen que acabar cayendo.

 Hoy quiero traer a mi memoria algo que pasó, hace ya un tiempo considerable. Fue una de las lecciones más sabias que me han dado nunca, una de las frases más inteligentes que jamás he oído. No me revelaron el sentido de la vida, cuál es nuestro propósito como raza, si es que lo tenemos, si es que nos aguarda alguna tarea o destino trascendental, no me aclararon si hay una deidad o varias, o si son totalmente inexistentes y fruto de la imaginación, la necesidad y la fe. Tampoco me explicaron si hay vida más allá de este planeta, o si por el contrario vamos a algún sitio cuando desaparecemos, nos reencarnamos o simplemente dejamos de existir, pues no somos más que un conjunto de coincidencia, un conjunto de coincidencias que tienen como consecuencia la vida, un nacimiento, un desarrollo, una madurez y finalmente la muerte. No nada de eso. Me han dicho una de las verdades más claras y auténticas que existen. Si, y si, ha sido toda una revelación. Porqué por misterios en los que no detendré mis pensamientos ahora... Somos una especie a la que le cuesta ver, muchas veces, quizás demasiadas, lo que tiene a simple vista. Es así. ¿Conocéis el dicho de "si lloras por no ver el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas"? Pues algo así.
Hay verdades que no queremos ver, porque son dolorosas, porque son sencillas y nuestra complicada cabeza no puede concebir que en un mundo tan enrevesado algo sea tan sencillo. O simplemente porqué nuestra atención está tan saturada y sobrecargada que no es capaz de detenerse en lo más nimio, pero más evidente, si nosotros no le damos la orden de que se detenga a prestarle atención.
Bien. La verdad fue esta. "Todas las hojas tiene que acabar cayéndose". ¿Cómo os quedáis? Esperad... No me digáis que no os dice nada esta frase, ¿cómo? ¿Que es evidente? ¿Que todo el mundo sabe eso...? No, aún no captáis la profundidad de esas palabras, aún no veis lo que quiere decir, al igual que yo y muchos congéneres de nuestra raza, no veis lo evidente, en este caso porqué creéis ver lo evidente. Esperad... A sido culpa mía. Os contaré la historia que hay detrás de esta frase, entonces lo comprenderéis como lo comprendí yo.
Bien yo mantengo una relación sentimental con una persona. Y cada día esta, me convence de que es una de las personas más grandes que nuestro planeta a tenido la suerte de alojar. Quizás sea un niñato, un idiota, un fantasioso o un despistado, pero estoy realmente enamorado de ella. Y entre todas las cosas que tiene que aguantar, la pobre también aguanta mi sociopatías y psicosis momentáneas. Es decir... Mis comeduras de cabeza.
Al principio de nuestra relación me dio una pulsera muy especial, una pulsera que pese al tiempo y a los trotes recibidos, aún está conmigo, y me gustaría que pensar que va a ser así durante mucho tiempo, pues es una pulsera muy especial, una pulsera única, no hay otra así, y seguramente, en gran parte, sea porque me la dio Ella.
A mi me hizo mucha ilusión que me hiciera este regalo, no sólo por el regalo sino por lo que representaba ese regalo, por lo que yo leí entre líneas en ese regalo, por lo que significaba para mí ese acto, hecho de esa manera particular.
La pulsera está formada como por unas cuantas cuerdas, hilos y un retal de cuero entrelazadas, unidos, y atados entre sí, formando en su conjunto la susodicha pulsera. La pulsera tiene una serie de adornos, y entre estos tenía una hojita. Yo llevaba mi pulsera, la favorita con orgullo y con satisfacción, pero por mala suerte, casualidad, o simplemente accidentalidad una de las piezas de la pulsera se cayó, se desprendió. Fue la hojita. Bueno, cuando me dí cuenta, realmente me fastidió, esa pulsera era un regalo y para mí era importante, me fastidió que se perdiera ese adorno.
Después de que esta pequeña pieza se rompiera yo vi a mi pareja y se lo conté, le dije que lo sentía, que me jodía y que perdón. Y ella me sonrió con mucha calma, me miró a los ojos, y como si se adueñara de ella una profunda paz, tanta que hasta pareció saltar a mí... Me dijo "Todas las hojas tienen que acabar cayéndose".
Quizás algunos todavía no hayáis captado el mensaje. Quizás aún tengáis una expresión de extrañeza configurando vuestro rostro... Algunos seguramente estaréis pensando "este tío es imbécil..." Lo que posiblemente haga, que mi yo futuro, el yo que existirá mientras tales lectores me leen... A ese yo, un ensordecedor pitido de oídos le esté golpeando.
Bueno, bien, para los que tengáis la paciencia necesaria aún de seguir leyendo para saber que quiere decir esa frase, os lo explicaré.
Todas las hojas tienen que acabar cayendo. Es una verdad absoluta, es algo inalterable, va a pasar, más tarde o más temprano, a veces por sorpresa y otras de forma esperada, pero al final caerán. Y no podemos hacer nada para cambiarlo. Podemos ralentizarlo, podemos ralentizarlo o podemos acelerarlo, y otras veces nada de lo que hagamos podrá influir en su transcurso, en el proceso. Así que cuando dicho proceso toque a su fin o cúlmine... Sólo nos queda aceptarlo, con lo bueno y lo malo que lleve, que nos retribuya o que nos conceda. Aceptarlo, asimilar que ha pasado y asimilar que lo que hayamos hecho para atrasarlo o acelerarlo, haya sido mucho o poco, es todo lo que podíamos hacer, que ya nadie ni nada puede cambiar lo ocurrido, ha pasado y ya está, por doloroso o grato que sea... Es lo que hay. Pueden ser palabras duras pero es así.
¿Ahora comprendéis mejor la frase verdad? Ahora si la habéis entendido, ya nada os impide ver su auténtica verdad absoluta y su gran profundidad, ¿cierto? Lo sé.
Esta, es una verdad absoluta y para muchos evidente, aunque hay para algunos que no... Pero realmente a un ojo racional es evidente. Sin embargo no siempre es fácil asimilar esta verdad, no todo el mundo es capaz de asimilarla llegado el momento. Aunque no haya más, no siempre es tan fácil aceptar que es lo que es y punto, que no hay más... No siempre es fácil. Pero hay que hacerlo, tomar aire, asimilarlo y continuar. Sea la situación que sea, hay que proseguir. Más rápido o más lento, antes o después, pero hay que seguir caminando, seguir adelante, a nuestro ritmo pero sin parar. No queda otra. No es fácil muchas veces, no es grato, la mayoría. Pero es lo que debe hacerse. Porqué a la larga, el esfuerzo, el trabajo, la energía apostada en la empresa de asimilar la verdad absoluta que nos haya golpeado, el esfuerzo de asimilar que ha pasado y hay que seguir adelante, a la larga, habrá merecido la pena. Nos habrá hecho más fuertes, más sabios, a la mayoría al menos. Nos habrá hecho mejores, porqué de todas las heridas se aprende. Cada cicatriz, por grande o larga que sea, por profunda que cale en nuestra alma... Es una lección, si sabemos interpretarla.
Ese fue el mensaje. Sus palabras me lo dijeron, y sus ojos y la paz que manaba de su sonrisa me lo explicaron. No es sólo una frase, alberga gran profundidad. Ahora os dais cuenta, ¿verdad?
Pues hasta aquí la anécdota y hasta aquí la explicación de la misma. Espero que los que habéis conseguido aguantar leyendo hasta el final, hayáis disfrutado de lo leído y os haya sido útil, quizás no hayáis aprendido nada, pues ya conocíais la lección, pero me alegraré si tan sólo os he conseguido recordar esa lección. Me alegraré si os he conseguido refrescar la memoria a fin de que un día cuando necesitéis seguir caminando, recordar que todas las hojas acaban cayéndose, podáis hacerlo con mayor soltura y con menor dolor. Ha sido un placer escribiros y un honor que me leáis. Un saludo.

Y por último, para cerrar esta entrada, he de agradecer a la persona que la inspiró. Muchas gracias, leona, siempre has conseguido llenar mi dura mollera de algo más de sentido común y de sabiduría... Gracias.  

1/9/17

Corazón de Perro.

 Te echo de menos, la verdad. Llegaste a mi vida, como un regalo, alguien, desesperado por darle un poco de ritmo a mis días te objetizó, y te convirtió en presente. ¿Quien podía imaginar que tenías más alma que muchos humanos? Yo lo había perdido todo, o eso creía, que fácil es ver la verdadera cara de la gente, cuando dejas de estar para la gente. Es increíble como ves de que están hechas de verdad las personas cuando dejas de regalarles tu mejor faceta. Cuando te cierras en ti mismo, porque sólo puede salir de ti dolor y amargura.
Roto, desolado, consumido por la soledad y desengañado de las personas y de cualquier valor mínimamente positivo que se les pudiera suponer, apareció en mi vida un pobre bicho en una caja de cartón, temblando y aterrorizado. Cuando lo cogí y escruté con mi mirada, preguntándome que clase de animal regala un perro, como el que regala una colonia, metiéndola en una caja, el pobre bicho se orinó. Estaba igual de asustado que yo. Sólo que él tenía la honestidad de no levantar un disfraz de apariencias y expresiones frías para taparlo.
Se pasó tres días enteros asustado, comía, bebía, dejaba todo hecho un desastre llenándolo todo de inmundicia. Por las noches gemía, asustado y luego se quedaba quieto en un rincón, esperando a que nadie le hiciera daño. Yo me resignaba, limpiaba y le daba su espacio. Realmente echaba de menos esa resignación, echaba de menos cuidar de alguien. Es duro cuando te resignas a cuidar de alguien, porque lo quieres, pero es más duro que no hay nadie, ni para cuidarte ni para que le cuides.
Y un día, mientras yo estaba medio adormilado en el sofá, viendo una película mala, y con la boca torcida y como siempre, muestra de un continuo enfado con el mundo, con la vida y conmigo mismo, apareció, entre los pliegos de la manta que me mantenía cómodo y calentito en invierno, me lamió la mano y se tumbó sobre mi vientre a dormir. Me hizo sentir tanto calor, allí donde nunca más pensé que lo sentiría, que no pude hacer otra cosa que intentar contener las lágrimas de la emoción, al sentir de nuevo que tenía un corazón que podía latir y sentir.
Y se convirtió en mi sombra. Por las mañanas se acercaba a la cama, a primera hora, y empezaba a soltar sus agudos ladridos de cachorro para que me levantara y le pusiera de comer. Y ya me daba la excusa perfecta para no tirarme el día tirado en la cama hasta que me dolía el cuerpo de estar parado, y le veía comer con tal ansía, que me daba ganas de desayunar yo también fuerte.
Algo tan simple me daba energías, y me hacía moverme, lo cual me alejaba de mi depresivo y derrotado estado. Y eso me daba la mejor de las excusas para jugar con él, que era incansable y quería juego a todas horas, que no paraba de correr a mi alrededor y revolotear. Y verle tan lleno de fuerza, me dio ganas de sentirme fuerte también. Y entonces empecé a salir a correr, a hacer ejercicio, a ponerme en forma, a quemar todo aquello, que me consumía desde hace tiempo.
Me acuerdo que un día estaba haciendo pesas, press banca, llevando mis músculos más allá de la extenuación, forzando, intentando quemar aquello que tanto pesaba y dolía. Y rugía con cada repetición en la que dejaba todas mis fuerzas, y maltrataba mis músculos. Y el se acercó, empezó a soltar sus ladriditos, y a mordisquear mis zapatillas de deporte, aún las tengo, aún tengo la lengüeta de las mismas marcada por sus afilados dientecillos. Yo cuidaba de él, pero él cuidaba más de mí, obligándome a cuidarme. Ese fue el último día en el que maltrate a mi cuerpo forzándolo, y fue el primero en el que empecé a mimarme, a cuidarme y a quererme sin saberlo si quiera.
Era como una bola de pelo, y quería estar siempre a mi lado. Y un día se me puso en el teclado del ordenador, mientras trabajaba en el mismo, escribiendo. Me hizo tanta gracia el cuidado que ponía en caminar sobre las teclas, casi como si quisiera escribir el también que decidí echarme una foto con él. Y fue entonces cuando me dí cuenta de que ahora mi pelo no caía tan lacio y había recuperado color, dejando de esta mustio y apagado, que mis labios no formaban de forma continuada una expresión malhumorada, y que mis ojos habían recuperado su brillo, no estaba a la mitad de mis fuerzas, podía estar mucho mejor, pero ahora había recordado que yo estaba vivo, que seguía vivo, que tenía casi el deber de recordarlo y disfrutarlo por los que había perdido.
Decidí afeitarme, cortarme el pelo, para no parecer un vagabundo, siempre, desde que se me empezó a arreciar el pelo de la cara, me había gustado tener barba y el pelo largo, y al verme en esa foto, mejor de lo que hacía mucho tiempo que estaba, pero todavía no tan bien como podía llegar a estar, decidí abandonar esas pintas desgreñadas, recuperar mi barba corta y arreglada, y mi pelo largo y cuidado. A él le encantaba aullar mientras yo cantaba mis viejas canciones a la par que me afeitaba y recortaba la barba. Menudo dúo éramos.
Salíamos a correr, jugábamos y nos revolcábamos por toda el suelo de esa casa que ya no parecía tan grande y tan vacía, luchando por un hueso de plástico que sólo él debería haber mordido pero que yo me pugnaba con todo el gusto, contra él, y ahora lo reconozco algo sonrojado por la infantilidad y por la insalubridad de tal afición. Me hacía sentir como un niño. Protegido, querido, cuidado, especial, ilusionado. Era el mejor amigo que había tenido nunca. Recuperé mi amor por el cine y volví a sentir su magnificencia, mientras él se tumbaba poniendo la cabeza sobre mi regazo y durmiendo mientras mi mano acariciaba su lomo. Volví a cantar como he dicho antes mientras él me hacía los coros y revoloteaba a la par mientras yo bailaba como el peor de los cojos arrítmicos. Recuperé la alegría de vivir, con el amigo más leal que había tenido nunca.
Perro. Que noble palabra, cuanto significado, cuanta bondad, lealtad, honor y cariño en una sola palabra. Ojala me llamaran perro y no humano.
Era enorme, creció un montón, vaya monstruito, y era precioso. Mi mejor compañero de armas y el único, descubrí que podía reír a carcajadas de nuevo cuando un día oí estrépito en la cocina y cosas caer al suelo y vi que había abierto la nevera y se había tirado una tarta de chocolate encima pingándose entero, mientras me miraba con los ojos muy abiertos, como si quisiera decirme "¿¡Quien diablos a hecho esto?! ¡Ya verás como le pille!". La vida no había conseguido arrancarme lo mejor de la misma, que es reír a carcajadas. Y cuando me desternillé y recordé de nuevo lo alto y estrepitoso del tono de mi carcajada, él se acerco y levantándose sobre sus dos patas se me abrazó, lamiéndome y pingándome entero.
Un ser sin raciocinio, movido por el instinto, tenía el alma más grande y especial que había visto en mucho tiempo, me enseñó a aferrarme a mis instintos, entre ellos el de supervivencia, dándome permiso para cerrar mis heridas, para olvidar, para llorar y gritar "¿Por qué me tuvo que pasar a mí? ¿Por qué les tuvo que pasar a ellos? ¿Por qué me quede aquí y ellos se fueron" Pero también para reír a carcajadas, hasta que los ojos se me humedecieran, porque las carcajadas, las risas y las sonrisas, son las que dan lugar al conocimiento de que no todas las lágrimas son amargas, de que también hay lágrimas de felicidad, y de emoción. Y entonces, con toda la cocina empantanada y marraneada, antes de ponerme a limpiarla, con él revoloteando y agitando, y con una sonrisa y lágrimas en la cara, llorando por lo que había perdido, y por lo que curaba y me dejaba sonreír de nuevo, volví a levantar los marcos que boca abajo, ocultaban las fotos de mis hijos y de mi esposa.
Ese día, cuando me fui a dormir, el bicho se vino conmigo, se tumbó en la cama y dormí de un tirón hasta el día siguiente.
Si sigo vivo, es por él, porque el apareció, porque me salvó de mi mismo. Porque me quitó mi débil y angustiado corazón de humano, y me devolvió la ilusión poniéndome un corazón de perro que valora la vida, incluso la que ya no está, y convierte los recuerdos en un regalo y no en una carga.

Ahora ya no está. Y siento si es un final amargo para el relato, te invito a llorar conmigo su ausencia, si prometes mantener una sonrisa en honor a su recuerdo. Cuando se fue, se me empezó a quebrar el espíritu y a resquebrajar el corazón. No sabía que iba a hacer con mi vida, sin su leal compañía, la más leal que nunca nadie dio a una persona. No sabía que iba ha hacer, como iba a superar aquello. Y su recuerdo empezó a inundarme, con una fuerza demoledora, porque sólo tenía buenos recuerdos de él que sólo me hacían sentir calor, un calor suave y balsámico, que cierra heridas y provoca lágrimas que desahogan. Y entonces supe que su tiempo había terminado, que había sido muy feliz, haciéndome un hombre feliz de nuevo, que mi mejor amigo, me había regalado la vida y el valorarla, y que tenía se seguir adelante, porque lo que le separó de mí fue el tiempo, que injustamente para él, pasó más rápido que para mí, pero contra el tiempo no hay nada que hacer, nadie lo puede, y de malgastarlo sufriendo, prefiero invertirlo, recordándolo, recordando con ternura como me seguía a todos lados y me mordisqueaba sin hacerme daño para obligarme a animarme cuando se me ensombrecía el semblante, como me ayudo a recordar con cariño y sin ese dolor extremo e inaguantable a los que perdí. Seguro que ahora mis hijos juegan con él, ahora es su mejor amigo, y cuida de mi familia, tan fiel como fue conmigo, allí donde yo no puedo alcanzarlos todavía. Un día podré tener a mis hijos en brazos de nuevo, recobrar aquellas miradas interminables con mi mujer, y escuchar los melodiosos y llenos de vida ladridos que tanto bien me trajeron.  

20/8/17

Los desastres capilares.

 Hoy os vengo a contar, a hablar... De un fenómeno inexplicable. De un fenómeno, que lleva tiempo teniendo lugar en nuestro mundo y que, ni el hombre, ni la ciencia, ni la religión, son capaces de explicar. Sí amigos, hoy os voy a hablar del desastre que me hacen en la cabeza cada vez que me voy a cortar el pelo.
Veréis yo soy un hombre sencillo, de gustos sencillos, de cosas sencillas, y por lo tanto, mi corte de pelo es sencillo, o al menos así lo pido y así intento que me lo hagan ¡Pues no hay manera! Yo me siento en la silla mefistofélica del peluquero, ese artilugio atroz que parece que sirve para tumbar a un ser hecho de partes de personas muertas y darle vida con un rayo que caiga del techo.
Como decía, yo me siento en ese trono de la vergüenza, y pido algo muy sencillo:
"Córtamelo al dos por los lados y la nuca, y por arriba, me lo dejas un poco más largo, al dos y medio, para no parecer una bola ocho. Pero sin tupés ni cosas raras. Quiero que me lo cortes en plan cuadrado, vamos, a lo militar."
Bueno, pues con estas sencillas instrucciones... Hasta ahora, en mis dos décadas de vida, no han conseguido córtamelo como yo quiero. Eso ha dado lugar a que lo llevara largo, asustado de las atrocidades cometidas contra mi masa capilar, a que llevara coleta y una vez a que me lo rapase al cero, sabedor así de que al menos, la barbaridad cometida en mi pelo, sería cosa mía, y no de un peluquero que no sabe cortarlo como a mí me gusta. Y os voy a ser franco. A día de hoy sólo una persona me lo ha cortado como me gusta. Mi mami.
Coñas marineras a parte, os contaré cómo acabaron los dos últimos "pelados". El último, tras pedirle eso, la chica me empezó a cortar el pelo. Hay una cosa que debéis saber, por algún motivo, mi percepción no es capaz de discernir cuando me están cortando el pelo, si lo hacen bien o mal. No se si es porqué al tenerlo mojado (mojan el pelo para que sea más fácil cortarlo, como todos sabemos) no veo bien cómo me está quedando, no se si es por no llevar gafas cuando lo hacen, no se bien porqué, pero no hay manera, así que quizás también yo tenga parte de responsabilidad en estos desastres.
Tras el último corte de pelo, cuando la chica terminó y yo me mire, vi... Era... Era atroz. Mi corte cuadrado, se convirtió en lo siguiente. Básicamente, era una bola ocho, y por arriba, por donde había pedido que me lo dejaran más largo, me dejaron el flequillo un par de dedos más largo, y hacía arriba. Así que básicamente me quede con aspecto de una bola ocho, pero eso si, con visera. Os podéis imaginar el cachondeo que prosiguió a esos días, ya sabéis que quien más os quiera, más caña y más coña va a meter y hacer en estás circunstancias. Cierta persona me llamó "pollo sin cabeza". No entiendo bien el apelativo, pero oye, original era.
Venga, pongámonos serios. ¿Creíais que lo peor ya estaba visto? Inocentes... Aún hay más.
El anterior corte de pelo a ese, no sé si es que yo me expliqué mal, si es que, me entendieron mal, no lo sé. Pero me cortaron el pelo, y la parte de arriba, me la dejaron más larga, y cortada... Para hacerme tupé. Si, como lo oís, me debieron ver ganas de ser el rey del rock, o algo así, yo ese día, para mi vergüenza salí de la peluquería con tupé. No sé cómo cojones me debió entender "el maestro" para hacerme ese crimen. Obviamente, a mi no me gustaba y por lo tanto no me engominaba para hacerme el tupé. Así que esa masa de pelo, libre e imbatible, sin gomina... Acabo pareciendo una piña. ¿Sabéis como son las hojas de una piña? Pues así, llevaba el pelo muy corto por los lados y por atrás, y en la parte de arriba, parecía un puta piña.

Con mi edad, ya no soy un niño, me da corte decirle a mi querida progenitora que me arregle esos desastres, o que me corte ella el pelo, ya no soy un niño para que eso tenga lugar... Pero es que los desastres que me hacen en la cabeza son increíbles. La cosa es que tengo el pelo ya largo, y debiera cortármelo... Y estoy empezando a sentir temor de tal situación... ¿Cuál será la sorpresa esta vez? ¿Conseguiré por fin el corte que deseo? ¿Tiene mi pelo alguna dificultad para que siempre tengan lugar estos desastres? Os morís por verlo, ¿verdad? Sois crueles. En fin, esta es mi historia, inexplicable y absurda. Veremos a ver que pasa en la próxima ocasión.  

1/8/17

¿Por qué?

 Subo la persiana, el mortecino sol del amanecer me responde, son algo más de las siete de la mañana. No he dormido más de una hora seguida. Pero no tengo sueño, arrastro mi cuerpo, o él me arrastra a mí, ya no lo sé, la consciencia del tiempo, no ha sido la única que he perdido. He dejado de sentir todo, y todo me da igual, he dejado de ser parte de este mundo.
Te fuiste un 25 de Octubre. En pleno Otoño. Mi madre me contaba ,de pequeño, que procuró concebirme para que yo naciera ese día. El motivo era que los otoños la entristecían, y así su pequeño le daría ánimos. No creo que tú eligieras el día en el que te fuiste. No ese día precisamente. Te fuiste y hasta la naturaleza te lloraba. El cielo lloró conmigo tu perdida, calándome hasta los huesos durante las horas que permanecía fuera de casa, sin capaz de volver a ella, porque todo me recordaba a ti. Los árboles guardaron luto conmigo, cambiando el verde por el marrón, y luego dejando sus ramas al desnudo. Aunque ellos hayan roto ya su luto, yo aún lo mantengo. Pero sé que la naturaleza no podrá evitar guardarte una vez al año el luto, llorarte y echarte de menos, como yo lo hago cada día. Este mundo ha perdido a la mejor persona que tenía.
Supongo que cualquier color me parece un mentiroso ahora. Cualquiera que no sea el negro, me parece un farsante cromático, una invitación a sentir algo, alegría quizás, cuando no hay nada más que tristeza en este mundo. Al final todo desemboca en ella, por mucho que nos esforcemos, cada sentimiento, es un intento de alejarla, los positivos, y los negativos, cada sensación, gesto o intención es un intento de camuflar la tristeza que nos acompaña siempre, de engañarnos, es una farsa. Nacimos entre dolor y morimos solos, porque nadie puede acompañarnos en ese último tránsito. Una existencia entre dos lapsos de inexistencia. Así es, negarlo es mentir, al resto y a nosotros mismos.
Y mi farsa personal, mi intento por engañarme, me ha llevado a acompañar mi tristeza con dolor. El dolor de no ver más tus ojos, de no sentir más tus caricias, ni de que me despierten más tus besos. El dolor de tener que ir andando por la calle, sin que tu vayas cogida de mi brazo o de mi mano. El dolor de no tenerte para cuidarte, para desvivirme por ti, para ser tu romántico. El dolor de tener tanto amor reservado, guardado y amasado con tu nombre... Y no poder dártelo nunca. Ese dolor que parece que me quiebra el corazón, en un intento de que yo recuerde que, pese a todo, lo sigo teniendo.
Es lo único que siento, así que como digo no siento nada. La tristeza y el dolor son tan profundos que ya son parte de mí, no son sentimientos, pues lo sentimientos son pasajeros, no son constates, a veces son más intensos y a veces menos. Así que no siento nada, tengo tristeza y dolor pero estos son extensiones de mi, de mi ser, ahora, de mi alma.
A menudo visito tu lugar de santo reposo. No sé porqué lo hago la verdad, tú no vas a saber si te visito o no, no voy a sentirme mejor, y eso va a seguir como siempre, inalterable. Quizás algo dentro de mí alberga la esperanza de que un día mientras lo hago ya no esté tu lápida. Que haya sido todo un sueño, que esté loco y sea producto de mi mente.
A veces pienso que me gustaría estar loco, que tu nunca hubieras existido y que fueras producto de mi imaginación. Me gustaría porqué eso significaría tu inmortalidad, a coste de mi cordura, pero es un precio bajo por ti. Me gustaría, porqué me haría realmente grande haber imaginado algo tan perfecto como tú, me elevaría a la categoría divina, pues a pesar de se locura, de ser enajenación, tu existencia, aunque fuera sólo en mi cabeza, sería vida. Habría creado vida, y una vida tan perfecta que ni el mismo dios, si existiera, hubiera sido capaza de crearla. Ni él mismo, con los supuestos poderes omnipotentes, habría sido capaz de dotar la realidad tangible y física, con una criatura tan increíble como tú. Así que imaginarte, enajenarte, habría sido algo de orgullo para mí, una gesta más increíble que ninguna divina... Y una gratificación, al poder seguir besando tus labios, respirando tu aroma, acariciando tus piernas, entrelazadas en mis caderas. Aunque en verdad estuviera en una habitación acolchada, con una camisa de fuerza, ajeno al mundo real... Vivir eso, en los recónditos laberintos de mi locura, sería lo mejor que me podría pasar.
No he dejado de añorarte ni un sólo día, ni un sólo minuto, ni un sólo segundo. No he dejado de añorar tu risa, de añorar lo mal que cantabas, a propósito, para dar la lata. De añorar las tonterías que me hacían reír a carcajadas y hacer el tonto también. No puedo evitar llorar al recordarte, no puedo evitar sonreír unos segundos antes de imbuirme en la agonía de no tenerte, cuando recuerdo algo tan tonto como cuando intentabas ponerle al perro un jersey navideño y unos cuernos de Rudolf, y este se te escapaba una y otra vez.

No consigo olvidarme de que te tuve, de que te ame. ¿Por qué te fuiste? Mi única pasión en esta vida era amarte, y ya no tengo nada, nada más me vale la pena, nada más puede ser tan grande, increíble o gratificante. Mi corazón no puede sanar si no te tiene, los grandes amores no se olvidan, no se dejan de sentir, no cicatrizan ni curan. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no me llevaste?

20/7/17

Mensajes para felicitar las fiestas.

 Durante estas fiestas ha habido una cosa que no he parado de ver y que la verdad... Me chocaba. Y me refiero a los típicos mensajitos de copia y pega que se envían para felicitar la navidad, el año nuevo y esas cosas. Y me chocan, no por lo ñoños y gratuitos que sean, que también, sino por el hecho de que al gente los utilice de forma indiscriminada y sin remordimientos por tal cosa. Es decir, ¡hay gente que hasta le hace ilusión recibirlos!
Y la verdad, es que no lo entiendo, es un copia y pega, no tiene ningún significado, no se le puede entender un "te quiero, te echo de menos, pienso en ti, me caes muy bien, eres un gran persona o espero que todo te vaya bien". No significan nada, porqué ni lo hemos escrito nosotros, ni nos ha salido del corazón, es así. Por eso no entiendo que la gente reenvíe algo que no significa nada, ni que a veces sienta ilusión por recibir algo que no significa nada.
Me molesta mucho cuando a mí me llega uno de esos. Porqué en esas palabras sólo veo falsedad, y si una persona de verdad lo envía con buenas intenciones, que se lo ahorre, que escriba él o ella algo. Es decir, a mí me dice mucho más que me digan "felices fiestas Borja, eres un tío de la hostia, pásalo bien". Prefiero eso a una tochada del quince, escrita por alguien que nunca voy a conocer. Cómo la del abrazo mágico u hostias similares. En fin, que me parece una estupidez. Si queremos decirle a alguien lo importante que es para nosotros, deberíamos tener el suficiente sentido común de no mandarle esas mierdas. Lo mejor que podemos hacer para decirle eso es simplemente decirlo. Y si no somos buenos con las palabras o no somos de decir esas cosas, hay gente que es así, pues basta con demostrarlo, que a menudo demostrar lo que uno siente, dice mucho más que expresarlo con palabras. Aún así, insisto, si decidimos decirlo con palabras, utilizar un frío y despersonalizado copia pega de esos es... Es... Es sida.
Si nos da miedo escribirle a uno un mensaje navideño, y que no sea tan elaborado, tan literario, tan poético o lo que sea, como uno de esos horribles copia pega... ¡Da igual! Lo importante es lo que dices, no cómo y lo importante es que lo dices tú, sólo con decirlo tú ya demuestras dos cosas. La primera interés, cariño. Por estar haciéndolo. Y la segunda valentía, si, valentía, porqué tienes la valentía de confesarle tus sentimientos a una persona, usando tus propias palabras. Da igual que sean sentimientos de amistad, de cariño, de amor, fraternales... Da igual, has reunido el valor para hacerlos.

Así que por favor, no enviéis mensajitos de copia y pega, dicen, si, dicen muchas cosas y todas nada favorables de vosotros, porqué son fríos, despersonalizados y falsos. Y si me venís con la excusa de "es que a mí no me sale decir ese tipo de cosas"... Si me decís eso, pese a todo lo hablado, deberíais pensar si la persona a quien se lo queréis decir de verdad se lo merece o si de verdad sentís lo que decís por ella. Porqué, amigo mío, si tú quieres decirle a una persona que es importante para ti, ya sea un amigo o un familiar, y no te sale un texto elaborado, no te sale tampoco un texto que aunque no sea elaborado sea auténtico, ni tampoco te nace el ingenio para hacer algo que se lo demuestre... Entonces amigo mío, no tienes un problema para expresar lo que sientes, simplemente no lo sientes, y ninguna legión de copia y pega llena de emoticonos o de imágenes del mismo tipo (cómo las que nos han han petado whatsapp a algunos...) va a cambiar eso. En fin. Queridos lectores, ha sido un placer escribiros, un saludo.

1/7/17

Amor moribundo.

 Siento decir esto... Pero me encuentro en mis últimos momentos, noto como mi cuerpo pierde calor a pasos agigantados, pero yo en cambio no siento frío, sólo un malestar creciente, una falta de fuerzas que parece devorarme, y un cansancio que parece estar disolviendo por completo mi consciencia.
Es el momento de que escriba algo que te haga saber todo lo que no podré decirte cuando me vaya. Deberás perdonar si las letras de esta carta en algún momento se tornan ilegibles, pues mi pulso empieza a temblar prueba de que mi coordinación se empieza a debilitar. Dentro de poco feneceré.
Sería inútil decirte que no estés triste, si esto no te fuera poner triste significaría que no tendrías el sentimiento que has demostrado tener, acompañándome ahora en estas, las que son mis horas más bajas.
Has cambiado algo con tu cariño, con tu cuidado, con tu compañía, has cambiado algo en mi interior, para mejor. Me has dado paz, me has dado fuerza, moral suficiente para afrontar este estado, esta situación. Me has dado la capacidad, para aguantarla y para afrontar la última transición de mi vida.
Te he amado más de lo inimaginable. Y te he dado todo lo que podía albergar dentro de mí. He procurado ser lo mejor de mi mismo, crear lo mejor, para dártelo, he procurado que todo en mí, cada partícula de mi ser, se dedicara a amarte, que desde el compás de mis latidos, hasta mis miradas y caricias, te dijeran "te quiero". Estoy en el final, pero estoy tranquilo, pues he hecho todo lo que podía hacer por estar a tu lado, y por demostrarte lo importante que era estar a tu lado para mi.
Me encantas, incluso ahora, que escribo estas palabras, y te miro, dormida, me encantas. Te admiro, por todo lo que me has hecho sentir, por todo el amor que me has dispensado, porqué no hayas dejado que tu preocupación dejara marca en tu ceño fruncido, por darme cada día la mejor de tus sonrisas, aunque las ganas de llorar fueran más fuertes que las de sonreír.
En estos momentos podrían inundarme preguntas sobre lo que me espera ahora, cuando finalmente las pocas fuerzas que me quedan me abandonen... Y me vaya. No me preocupa, no puedo estar seguro que pasará ahora, que habrá fuera de este plano, realidad o lo que sea, que habito, contigo.
Pero se que tanto amor dispensado, por tu parte y por la mía, tantas caricias pausadas y tiernas, tantos besos llenos de pasión, tan profundos, tan intensos, se que esas miradas llenas de luz y asombro al ver los ojos del otro... Se que todo eso no ha sido en balde, que no quedará ni en el recuerdo ni en el olvido, que no caerá al vacío, ni se descarnará como mi cuerpo vacío de vida.
Estoy completamente seguro de que toda esa energía que movimos, que sentimos, que nos procesamos, ese amor tan puro, tan generoso, tiene que ir a algún lado, no tengo duda alguna, y tengo una intuición, una sensación de que yo iré a donde vayan esas cosas. Que me encontraré allí, que todo gesto y toda prueba de amor hecha... Me mantendrán vivo, de alguna manera, en algún sitio.
Hay veces que uno tiene una certeza, que está seguro de algo. Cuando te vi, supe que eras especial, no imaginaba como, no imaginaba cuanto, pero había algo en ti distinto, y nunca me hubiera imaginado que me enamoraría de ti... Parecía tan improbable, cuando entré en esa espiral que era estar contigo, no era capaz de analizar de pensar que estaba pasando, caía y caía, me metía en algo que no sabía lo que era, encontraba una realidad que nunca había vivido, pero en la que nunca, ni en lo bueno, ni en lo malo, tuve dudas. Hasta que finalmente pasó, sin saber cómo, me enamoré de ti, y en el momento que pasó, supe que era irremediable, que me era imposible saber de tu existencia y no amarla.
Y en ese momento tuve la certeza de que eras el amor de mi vida, de que esa historia no era una de tantas, ni algo definible o cuantificable, era algo que quería vivir, algo que no podía cambiar, sustituir o alterar, era algo que no me podía perder. En ese momento, pese a la dificultad, supe que serías la mujer de mi vida. Y en el fondo de mi ser, pese a lo que pasamos juntos... Nunca lo dude, me intenté engañar a mi mismo, pero no pude, era una verdad universal, en ese momento tuve esa certeza, estuve completamente seguro de ella, y no me equivoque. Y ahora te digo que tengo esta, y estoy seguro, de que no me equivoco, no hay amor más puro, y no me cabe dudas sobre eso.
Así que cuando estés triste, cuando me llores, no te lamentes, no te tortures, porqué a pesar del dolor, porque dolerá, debes tener por seguro, y no lo debes dudar ni por un momento... Que esto, ha servido para algo. Esto lo ha cambiado todo. A cambiado mi mundo, quiero pensar, que el tuyo también. Así que cuando duela, recuerda lo que tenemos, lo grande que es. Y llora, pero no te lamentes, nunca. Yo seguiré a tu lado, vivo, pero en otro estado, el amor que tú y yo tenemos no puede morir, va más allá del tiempo y de la muerte.
Tú y yo empezamos algo. Cada beso, cada caricia, cada palabra, cada mirada, cada carcajada, cada gemido. Cada cosa que compartimos lo reforzó. Empezamos algo muy grande, algo que lo ha cambiado todo, algo cuyas consecuencias no podemos adivinar, pero que seguro que serán buenas, que tendrán lugar después de que me haya ido, y después de que tu también lo hagas...

Así que tu corazón no se enfríe, que tu risa no desaparezca, es sólo dolor, la grandeza de nuestra creación tiene un precio, la grandeza siempre tiene un precio. Haya donde esté algo de mi, un pensamiento, un impulso, recordará tu ser, tu perfección, la magia que parecía envolverte. Cuando la herida te arda, y el dolor te abrume, sólo tendrás que recordar esto, que no es el fin, sólo un cambio. Que sigo contigo, que los besos que dejé en tu piel, nada los puede borrar, que nada puede borrarme de tu ser, de tu esencia, de tus recuerdos, porqué por eso atesoraste con amor esas suaves marcas. Allá donde esté te seguiré amando, lo que un día empezamos, me mantendrá vivo. Así que llora, chilla, tiembla, pero no te lamentes, jamás te lamentes, jamás te arrepientas de haberme dado lo que me diste, de haberme hecho tan grande con tu amor.

20/6/17

Navidades

 Las navidades. Las navidades son esa época del año en que, en general, independientemente de nuestras creencias todos intentamos poner nuestra mejor sonrisa y nuestro gesto más amable, esa época en la que intentamos compensar todo lo desagradables y bordes que podamos ser durante el resto del año, en la que intentamos pasar todo el tiempo que podemos con familiares y amigos, cuya compañía no podemos disfrutar en otros momentos del año. Las navidades son esa época para estar juntos, para demostrar cariño e interés, para sacar toda nuestra bondad y amabilidad. ¿No?
Las narices. Así de claro, mirad, yo estoy empezando a odiar las navidades ya... Y no porqué no me gustan, sino por lo falsas y cutres que acaban siendo siempre. De verdad que hay personas que las viven y a mi me gustaría ser o conocer a alguien así, así las navidades siempre tienen que molar. Porqué hay varias cosas que pueden joder las navidades y que dependen de nosotros. Porqué bien es cierto que hay circunstancias que pueden joderte las navidades, y no dependen de ti, trabajo, una catástrofe familiar, dinero... Pero hay otras que si dependen de nosotros y que normalmente son las que más navidades joden. Yo voy a enumeraros algunas. Los ateos de postureo, los cutres, los egoístas y los falsos. Me refiero a grupos de personas que a nivel colectivo o individual nos fastidian las fiestas, y que parece que últimamente hacen piña para joderme las mías.
Los ateos de postureo.
Mirad, yo no soy religioso, ni ateo, ni agnóstico. No me considero lo último pese a lo que voy a decir. Creo, que por decirlo así, soy vago practicante. No me paro a plantearme cuestiones religiosas, si hay, si no hay, si después de morir vas a un sitio, a otro o no vas. No me paro a pensar si existe o a creer en su existencia, pero tampoco me paro a pensar en que no existe ni a creer en su inexistencia. Y por último no me paro a pensar que exista algo, pero que no sea eso. Es un tema que no me planteo. Ni creo, ni no creo, es que ni lo pienso. He intentado explicar esto a mucha gente, pero poca me ha entendido, puede que haya cosas que respeto, o que... Pero lo que se dice fe. Fe en la existencia del dios tradicional que se supone me han inculcado, fe en la inexistencia de nada metafísico o fe en que exista algo, que no se definir... Ni me lo planteo. De manera que soy vago meditativo practicante.
Bien, y desde mi postura, respeto a todas las creencias, no me molesta ninguna, ni me meto con ninguna. Ahora volvamos a las navidades.
¿Qué villano anti Navidad es el ateo de postureo? Pues bien, esa persona es alguien que no cree en ninguna religión, y que concibe la navidad como una fiesta al parecer exclusivamente religiosa, que por lo tanto para él carece de sentido, y por lo tanto hace todo lo que puede por negarla y por jodérsela a otros. Los ateos normales no hacen estas cosas, no creen en la navidad, pero respetan a quien sí, sólo el que necesita que todo el mundo sepa que es ateo lo hace, por eso es el ateo postureta. Y la verdad que no entiendo a la clase de cabrones y cabronas que tienen esta postura. Es decir, si yo fuese ateo no me molestaría que otra persona practicara sus creencias o fiestas. No intentaría adoctrinarlo en mi pensamiento ateo. Allá él con su mecanismo.
Y además, me parece estúpido concebir las navidades, las fiestas actuales que conocemos como navidades, como algo exclusivamente religioso. Algunos se habrán llevado las manos a la cabeza al leer esto. Mirad, yo sé perfectamente que las navidades tienen un fuerte componente religioso y su pasado y concepción es religiosa... Pero aún así no creo que hoy día sea así, no al cien por cien. Sí, el niño Jesús, el día de navidad, los reyes magos, el roscón, etc. Pero sinceramente pese a eso, me parece una festividad concebida más como un evento de consumo económico, que como una festividad religiosa. Por mi parte creo, que la navidad, cómo ya he dicho antes, es una época para ser buenos, para cuidarnos entre nosotros, para ser generosos y parar querer e intentar ser felices. Si no crees en nada, no pongas belén, no comas roscón o no regales por reyes, pero no vayas a joder a otros. Si no crees, haz tu fiesta "de las tres semanas de pasar frío, tomar chocolate y hacer regalos con un sonrisa" Llámalo así, haz tus propias tradiciones y ritos... Pero no jodas a otros, y no seas tonto, si medio planeta o al menos un cuarto está pasándolo bien, y está pasándolo con su familia, no hagas tú un postureo y te aísles, estés sólo y amargado, sin hacer nada especial porqué "no crees en esas mierdas" como he escuchado decir. Eso me parece una excusa de posturetas que están muy solos y no celebran nada ni lo pasan con nadie, simplemente porqué no pueden.
Los cutres.
Este tipo de personas son aquellas que por no esforzarse, colaborar o lo que sea, por no cansarse, porque son perezosas, son cutres en cada cosa que hacen, crean o no en las navidades... Y después de su pésima actitud, esperan tener unas navidades idílicas. Esta gente puede joderte mucho las navidades. Puede amargártelas de verdad. Y suelen ser producto de que estés depre y de mala leche en noche buena y te digas la famosa frase: "¿Para que he trabajado tanto?¿Para esto? Ojala no fueran navidades, ojala no fuera más que un día más." Y te dices esta frase, porqué al final la navidad, o el día de esta que estés celebrando, no es un día navideño, es un día en el que te has hinchado a currar y no ha servido de nada, porqué un vago o un vaga no han puesto su mínima parte. Y al final, pese a tus esfuerzos, no tienes un día especial, tienes una pechá a trabajar y poner ilusión y algo muy cutre como resultado. Esta gente son peores aún que los anteriores.
Los egoístas.
Estos tienen mucha tela. Hay gente, que ve las navidades cómo un oportunidad de que le mimen, de que le cuiden, de que le tengan como a un rey o a una reina... Pero a cambio de nada. Las navidades no son una transacción es verdad, en navidades eres un amor de persona, o deberías, porqué son navidades, porque quieres, no porque vayas a recibir algo a cambio, pero lo justo, es que si alguien es así contigo, tú también lo seas. Y no sólo en navidades, esta norma es aplicable a la vida diaria.
Este tipo de gente, no son egoístas sólo en navidades, son egoístas los trescientos sesenta y cinco días del año. Pero joder, en navidad duele más. Este tipo de gente es el que te hace una mierda de regalo mientras pone la mano para llevarse el suyo, que más vale que sea bueno, porqué sino la lían parda. Que por cierto un regalo bueno, no es un regalo caro, es un regalo que demuestra tu intención de hacer feliz a la otra persona, que demuestra la ilusión e ingenio que has derrochado para regalar eso que a la otra persona va a volver loca. Y no tiene que ser caro. Es algo que demuestre que esa persona te importa, que te lo has currado por eso.
Bueno, volviendo a los egoístas, a veces los egoístas son egoístas y cutres. Ojo, esta es la clase más peligrosa. Los egoístas son aquellas personas que con su forma de ser, de dejarte tirado, de no cuidar a los demás y de pensar sólo en si mismos, son capaces de matarte el famosísimo espíritu navideño.
Los falsos.
Aunque quizás sea la clase menos nociva, no podían faltar. Un falso es aquella persona que aunque celebra la navidad, no cree en ella. Al contrario que las clases descritas hasta ahora, un falso o una falsa navideños, no tienen porque albergar malicia, estupidez o pereza, un falso es alguien que celebra las navidades por obligación, no por gusto, porqué siempre se ha hecho y no se ve a si mismo no haciéndolo. Son gente que ha perdido la ilusión navideña, y que a pesar de que su problema no sea que no se lo curran, su problema es que no lo sienten. Y aunque es difícil que te jodan unas navidades, te las pueden estropear un poco, porqué si tu vives la navidad, de verdad, con ilusión, como hemos dicho, con cariño y desinterés... Cuando intentes compartir esos sentimientos positivos con estas personas... Vas a notar frío sólo por su parte. Porqué a pesar de que trabajen en prepararlo todo, a pesar de que no muestren ni vagancia, ni egoísmo... A pesar de ello, no lo sienten, y eso muchas veces, desemboca, en que cuando estás con estas personas en dichas fiestas, sientas lo mismo que sienten ellos en dicha época. Soledad, tristeza y desilusión. Así que si os topáis con alguien así, lo mejor que podéis hacer es intentar devolverles la ilusión, no debería ser difícil, porqué ellos quieren sentirla, ellos ponen sus esfuerzos y al final se sienten como se sienten pero sin saber porqué, si queréis vivir realmente la navidad, y conocéis a alguien así, devolvedle la ilusión navideña, no es difícil, esa persona sin saberlo querrá recuperarla, y si lo conseguís, entonces os sentiréis increíblemente bien, serán unas navidades de verdad, y habrán merecido la pena.

En fin, yo os cuento todo esto, desde mi propia experiencia. Lo que me ha hecho darme cuenta de lo cutres y nefastas que han sido mis navidades siempre... Madre del señor. Pero ¿sabéis qué? Qué estas navidades pasadas, las de 2015, han sido mis últimas navidades malas, las de este año van a ser la polla, y perdón por la expresión. Voy a vivirlas de verdad, me buscaré los cuernos de alce, que son los únicos que debería tener, la nariz de Rudolf y un jersey de un árbol de navidad que pique mucho. ¡Y estás navidades van a ser mías! Muajajajaja. En fin, antes de que termine de metabolizar esto y me convierta en el Grinch, me despido. Queridos lectores, ha sido un placer escribiros, un saludo.

1/6/17

Vampiro

 Escaso consuelo puedo encontrar dando a luz a estás líneas, afín de contar mi historia, de explicar mi versión, cuando la soga me espera, y mi condena me pisa los talones, sedienta por llevarse mi vida mientras una pandilla de hipócritas juristas gritan "¡Justicia!".
Aún así os contaré mi historia, no soy escritor, motivo por el que quizás transcribir mis recuerdos en lo que algunos definirían como confesión... No me produzca consuelo o alivio alguno, esta verdad, el hecho de no ser escritor al que me refiero, también puede ser advertida en que mi literatura, mi expresividad y en consecuencia este escrito, no sea una gran obra.
El crimen... Asesinato, la pena... Pues una corbata de hilos de cáñamo, trenzados. El motivo, mi ansia de liberación.
Esta pregunta quizás sobre, pues la respuesta, de teneros delante, no me sorprendería. ¿Conocéis a algún vampiro? No, no me refiero al ser mitológico-terrorífico de la literatura romántica ni de la tradición popular. Me refiero a uno de verdad, no a un ser sobre humano, a un vampiro de los de verdad... ¿no? ¿seguros? Y si os preguntara si conocéis a alguna persona con la que sentís vuestro animo, vuestra energía, menguar. ¿Estáis seguros de que no conocéis a ninguna persona que parezca chuparos la energía? La cosas cambia, ¿verdad?
Todos conocemos por lo menos a una persona así. Los más desafortunados a varias, los que están auténticamente jodidos a muchas. Perdón. Los que tienen una comprobada y persistente mala suerte*. Lapsus lingue mío.
En mi caso era un matrimonio que me alquilaba una habitación. Soy joven, mi trabajo no da para mucho dinero, algún día tendría que haberme servido tanto estudio para gozar de una posición privilegiada... Pero en aquellos días pasados, el sueldo de un aprendiz, a pesar de los estudios logrados... No daba para mucho más que para alquilar una oscura habitación. Pienso en mis ideas de futuro ahora, en ese trabajo que un día llegaría como abogado de renombre, y no puedo evitar sino reír. Ya sólo me queda reír.
Bueno, esa casa era un maldito infierno. Dios mío, la odiaba de verdad, sólo pensaba en estar fuera de ella. Prefería trabajar jornadas de doce horas a estar un minuto de más en esa maldita casa. Un ambiente turbio, tenebroso, flotaba en todo momento en aquel hogar, el silencio reinaba poco, lo suficiente para enrarecer el ambiente, pero era el mejor aliado teniendo en cuenta lo que había cuando no había silencio. Discusiones a todas horas, me volvían loco.
Al principio quizás por no haber confianza, yo sólo era un mero espectador de esas discusiones, reproches, malas conversaciones y actitudes del todo desagradables para la convivencia. Eran bordes el uno con el otro incluso para ser un matrimonio, con tantos años a las espaldas. Me agotaba profundamente ser testigo de esas cosas, lo que menos deseaba era un ambiente hostil en todo momento. Y menos allí, se supone que ese era mi lugar de descanso, fuera del trabajo, y como he dicho antes, llegó un punto que prefería trabajar a pasar un minuto allí.
Pero eso sólo fue en el clemente principio, luego la cosa fue a más, cuando cogieron confianza yo me convertí en uno más dentro de aquellas disputas, siempre había una discusión de la que se me podía hacer participe, alguna regañina, algún reproche, y eso... Eso me desesperaba. Pero todavía no era capaz de darme cuenta del daño que me hacía de verdad.
Ese ambiente hostil, me era nocivo y venenoso incluso cuando la calma, plagada de tensión y un mal humor reinante en el ambiente, reinaba. Y no me daba cuenta como ese matrimonio gruñón e insoportable, me drenaba las fuerzas. La alegría, el entusiasmo, las ganas de vivir, me estaban convirtiendo en lo mismo que ellos eran, alguien callado y enfadado todo el día, que cuando rompía su silencio era para discutir y molestar.
Las depresiones empezaron a venir, cada vez más fuertes, más potentes, yo no entendía el motivo de esa tristeza de esa ira, de esa oscuridad, pero el motivo era esa casa, ese matrimonio. Me drenaban la felicidad, la energía y eso me metía en aquellas profundas depresiones. Todo el día en ese ambiente hostil y tenso me estaba envenenando, contagiando, el mismo clima insoportable de tensión y mal humor de discusión y hostilidad, que reinaba en la casa se adueñaba de mi corazón, yo era esa casa, lo que respiraba, lo que comía, lo que bebía, esa casa, ese clima enardecido e inaguantable se filtraba por los poros de mi piel, se pegaba como una película pegajosa a mis brazos. Yo no lo sabía, no podía imaginarlo... Hasta que me di cuenta, esa casa, ese matrimonio... Eran unos vampiros, que me drenaban el espíritu, que me sorbían la luz, me estaban envenenando, amargando, me mataban lentamente. Y cuando me di cuenta, decidí liberarme. Cogí un hacha, y entre en la habitación mientras dormían, recuerdo que la oscuridad les impedía distinguirme bien, la tenue luz de un candelabro de la habitación no distinguía mi expresión dominada por la locura, ni el hacha que había en mis manos.
Inconscientes de mi situación y de su actual condición y estado de peligro, sorprendido, porqué en medio de la noche irrumpiera en su cuarto, empezaron las quejas, los reproches, la bronca hacía mí. El gritarme tachándome de loco, de impertinente, de mal educado, no podían entender con que derecho ni conque motivo irrumpía en su dormitorio y ... Y... ¡Y les despertaba!
Las carcajadas nacen de mi ser, quizás sea verdad que estoy loco, pero ahora me parece realmente gracioso. Bueno, cabe decir, que si había un mínimo resquicio de cordura, de sentido común, de calma, de control en mí, que si quedaba una posibilidad por mínima que fuera, de que se salvaran, de que no hiciera lo que me había llevado a ese punto... Si se podían salvar, aquellas malditas quejar, aquel maldito quejarse todo el día y estar a malas todo el día... Aquella aptitud que me encarnizaba, agotaba y aburría, aquello les terminó de sentenciar.
Los gritos de horror fueron ensordecedores, el miedo que respiré, el miedo que rezumaban... Fue simplemente glorioso. Era la primera vez que emitían algo que no fuera una constante queja o bronca, algo que no hiciera hervir mi sangre ni me robara la energía, sentir su fin, sentir el fin de aquel robo indiscriminado de mis fuerzas... Fue magnifico.
Cuando las fuerzas del orden irrumpieron quedaron petrificados por el macabro espectáculo, las ventanas abiertas, corriente, y todas las luces encendidas, si no fuera por el olor de la sangre y todos los pedacitos de señor y señora mayor amargados que había distribuidos, casi habría conseguido acabar con ese clima. Si bien es verdad que no acabe con el clima enrarecido, al menos lo cambié, se tornó más homicida, más demente, distinto, el cambio siempre sienta bien.
Pero lo que no os vais a creer lo que paso a continuación. Después de entregarme pacíficamente, ya relajado, pues había acabado con el problema... Me querían condenar. ¡A mí! Podría haber escapado, cuando entraron en la casa, estaban tan petrificados y horrorizados porno entender lo que había hecho, que podría haberme ido con total calma y no hubiera pasado ni media. Me entregué pacíficamente, les explique lo ocurrido y les conté toda la historia... ¡Y me tacharon de loco! ¡Pero si lo expliqué bien! Aún, hoy en día no puedo entenderlo, quizás sea que hay que vivirlo. Al final va a resultar que el loco soy yo. No... No me digas que tú también lo piensas. ¿¡Estás de su parte!?
Bueno queda poco tiempo ya, y oigo al carcelero viniendo para guiarme a mi cita con el patíbulo.

Sólo te diré una cosa, a ti que te atreves a juzgarme y tildarme de loco, a ti, que te atreves a tirar por tierra el vínculo nacido entre el moribundo que confiesa y el confesor que le ayuda... Un día te tocará a ti. Entraras en la más amarga de las depresiones, alguien te estará sorbiendo la vida, el animo, la alegría, la felicidad, no sabrás porqué, no lo entenderás, pero cuando descubras que has dado con uno de estos vampiros, con una de estás personas... Querrás acabar tan rápido con el problema que también perderás el control, que también caerás en las garras de la demencia, como yo. Y entonces te arrepentirás de haberte creído mejor, distinto o a salvo, te arrepentirás de haber mirado con arrogancia desde tu prisión de cordura y entonces tendrás el derecho de entenderme, de releer o recordar estas palabras y sentirte identificado con ellas.

20/5/17

Libertad

 Se ve que las ganas de escribir, no han menguado. Las ideas afloran, esta es la entrada número catorce y odio escribir este tipo de cosas, no me gusta ni lo que estoy escribiendo, ni cómo lo estoy haciendo, hoy no me gusta nada. Siento que estoy escribiendo una especie de blog, de los que me asqueo, ese tipo de relatos donde un gilipollas te cuenta en su blog su vida, donde te escribe una entrada vacía y que se nota que escribe sólo por rellenar el blog, donde no te cuenta nada que de verdad te interese, siento que estoy escribiendo eso y de verdad que me estoy mosqueando. Más aún. De verdad, querido lector que recorres estas líneas, no pierdas tu tiempo, tengo mejores cosas escritas. Ve a verlas.
Supongo que todavía sigues aquí. Una de las pocas personas que debe tener suficiente tiempo libre para poder invertirlo en algo tan poco fructífero como esta lectura. En fin es tu decisión, no te crítico, pero lo valoro. He llegado a casa, por cierto no te he contado que hoy me han cruzado el camino dos gatos negros, el trece, los gatos, hoy no es un buen día, desde luego.
El caso es que sigo escribiendo, no por la ira, no va a desaparecer por mucho que tecleé. Sino porque me apetecía plasmar una idea a la que llevo un rato dándole vueltas.
Una parte de mí, quiere ser libre, pero ¿Qué significa ser libre...? Qué significa al menos para esa parte... Para esa parte ser libre es no arrastrar nada que pueda ser una carga. Ser libre significa estar sólo. No me contradigo, que ahora sienta una aplastante soledad, no significa que la sufra, sólo que mi mente es la de un jodido loco que no tiene el control sobre sus emociones ni sobre sus estados de ánimo. Quizás esa parte, la depresiva y oscura, sólo anhele ese tipo de libertad para que la soledad no sea tan dolorosa, es decir, lo jodido de estar así, es que en teoría no deberías sentirte sólo. Pero en cambio estando verdaderamente sólo, tienes que sentirte así, así que supongo que es menos doloroso, porqué al menos entiendes porqué te sientes así. Para ser auténticamente libre, debería estar sólo, porqué realmente sería libre si nada me condicionara. ¿a qué me refiero?
Deberías intuirlo ya, pero me refiero a que aunque no lo deseé, no estoy tan mal, si yo quisiera morir, no podría. A ver esto se está tornando muy extraño, aclaración. No deseo morir, ni suicidarme, ni nada por el estilo, quede claro, pero si lo deseara, no podría. Hay elementos que me condicionan a no hacerlo, a sobrevivir, seres queridos y obligaciones. El camino a la libertad pasa por la soledad porqué así quitaría uno de los elementos que me condicionan. Otro sería las obligaciones, (me refiero a las obligaciones que me impone mi mente, no a las cotidianas) que ahora, por importancia por lo menos, se reducen básicamente a escribir, tengo mucho que deseo escribir, porqué siento que debo hacerlo, que debo sacarlo de mi cabeza, que debo transcribirlo, no porque nadie lo lea, sino porque debo hacerlo, se reduce a escribir, da igual si alguien lo lee o luego se quema, no sé supongo que quien disfrute escribiendo entenderá lo que deseo decir.
Partiendo de que consiguiera ser libre, estuviera sólo, de verdad y hubiera conseguido escribir todo lo que quiero... Bueno, sería libre. Sería libre de vivir o de morir, la decisión sería mía, es decir, no habría nada que me obligara sobrevivir, sino que sería una decisión que habría que tomar sólo yo, y en la que no dependería nada más que mi deseo. Eso sería ser libre, libre de todo, hasta de la vida misma, sería deprimente, pero al menos estaría sumido en una tristeza, cuyo origen entendería, que vendría siendo por si alguien no lo ha pillado aún, la falta de motivos para vivir. He ahí la cosa, porqué ahora que tengo sobrados motivos, ya no sólo para vivir, sino para ser increíblemente feliz, tengo estos lapsos tan jodidos... Por eso una parte de mí, esa parte tan hija de puta, desea ser libre, para entenderse.
Ahora surge otra cuestión ¿de verdad quiero ser libre? No, en general, salvo estos episodios, soy feliz, creo que lo soy. Tengo al amor de mi vida a mi lado, tengo amigos leales, muy leales. Pocos, la lisa se reduce a menudo, pero los que no fallan, no fallan. Pero también tengo estos episodios, no los entiendo bien del todo, puedo intuir su origen, su raíz... Pero... Yo que sé.
Estoy sintiendo cosas muy raras ahora mismo, que comprendo todavía peor, la ira se está esfumando y ahora me empieza a embriagar una profunda tristeza... Entiendo el desencadenante de estos estados, entiendo que desata el torrente de brea... Pero no entiendo porqué hay un torrente de brea tan escondido pero tan destructivo y caudaloso. Entiendo también que hay alguna cosas que la alimentan, pero sin embargo ese río negro no se seca, no desaparece. Mengua, crece, se desata y vuelve a su caudal. Pero eso sigue ahí y no entiendo el motivo, entiendo los desencadenantes y los atenuantes.
En fin, esto cada vez va a peor, y encima tonto de mí, intentar hacérselo comprender a alguien me está poniendo peor, si es que para que cojones lo intentaré, para darle razón a lo que sea que hace manar eso, porque eso es lo único que estoy consiguiendo, sentirme peor.

Querido lector que has conseguido aguantar todo este sermón... Te diré que los tienes de piedra. Yo antes tenía un lugar donde depositaba estos pensamientos, pero supongo que se me ha quedado pequeño, que se han desbandado y ya no consigo encauzarlos a un sitio donde permanezcan en el anonimato. Bueno, gracias por tu tiempo y en serio, mis relatos, mis historias, son mejores, más interesantes, mejor escritas, a no ser que quieras que te de un bajón a ti también no deberías estar leyendo estas cosas. Pero aún así gracias por tu interés.

1/5/17

La Libertad

 La libertad que siento ahora, la calma, se acabo, el fin del odio, el fin de la tristeza. La libertad de sentirme sólo, la libertad que trae el final, la libertad que me da la falta de futuro, el conocimiento de mi fin. La libertad que nace en mí a causa del fin de mis preocupaciones, de mis obligaciones, de mis sueños, de mis aspiraciones de mis esperanzas, liberado de mis expectativas, de mi propia confianza en mi mismo, en mi futuro, en mi porvenir, el primero y el único que puede juzgarme. Yo, liberado de ese juicio, de mi juicio, de mi propio juicio. Liberado de mi propio reproche, de mi culpa, de las expectativas que yo mismo puse en mi. Liberado del amor, del cariño, de la confianza, de la lealtad, que dan aquellos que son nuestros seres queridos. Liberado de su compañía, liberado de su preocupación, liberado de su cuidado, liberado de su amor, de su afecto. Libre al fin. Libre de sentimientos, libre de hacer con mi vida lo que he decidido, lo que quiera, que en este caso es esto. Libre. Liberado. Para siempre. Libre de tomar una decisión en base a otra persona, en base a lo que espero. Libre de tomar una decisión respecto a mi futuro, utilizando como único juicio lo que ahora me apetece. Libre. Dado el paso, noto como vuelve a mi la paz. Noto como me abandona la oscuridad, soy sólo libertad, en mi no cabe nada más, y por eso ese manto negro que envolvía mi corazón, se disipa y abandona mi cuerpo, fluye fuera de él. Libre, liberado por mi propia mano, libertadora y verduga. Liberado de la consciencia, poco a poco, lo noto, se va fluyendo, como movida. Ahora todo fluye, todo hacía afuera, todo abandona mi ser. Por mis muñecas mana un incesante y caudaloso rió rojo, que drena mi locura, mi tristeza, mi ira, mi dolor, mi vida, mi fuerza, mi consciencia, mi vitalidad. Y me deja, vacío, libre. Pues sólo hay para mi auténtica, completa y pura libertad... En la muerte, la vida misma me es opresora, me obliga a lo que no deseo, hace mi cuerpo perecedero, a fín de someterme con el tiempo, con la vejez, con la decrepitud. Se acabo la imposición, se acabó la vida, soy libre. Libre de la gente, libre de mis sueños, libre de la vida, y en breve libre de la muerte. Libre de la vejez, libre de los valores, de la maldad y de la honradez, al fin libre... Y sabedor de que no hay nada al otro lado, de que no me espera nada, ningún cambio, ningún estrado celestial o infernal, ninguna transición trascendental... También me hayo libre de la salvación, de la condena y de la reencarnación. Hay muchos tipos de libertad, cada persona aspira a un tipo de libertad, algunos la consiguen con valor, otros no, por cobardía. Esta es mi libertad, el poder desaparecer, pues todo lo que me mantiene existiendo en la realidad, para mí, no es más que una herramienta de represión. No pretendo inculcar una idea, un ejemplo, un legado, nada. Sólo pretendo alcanzar mi libertad. Y ahora esta se aproxima hacía mí, a toda velocidad, cada centilitro derramado es un paso que me sitúa más cerca de la libertad, del descanso. Esta es mi liberación mi revelación. Y al fin alcanzo mi libertad. La libertad.

20/4/17

Ira.

 Ira. Pues aquí me hallo, sintiéndola. Es 23 de diciembre, son las cinco y media y voy en bus a casa y eso es lo que siento. Y escribo porqué sino voy a reventar. Es tal la que siento que mientras escribo cada vez que pulso la barra espaciadora le meto unas hostias que parece que la voy a sacar por el otro lado del portátil ¿Qué por qué la siento? No sabría decir bien porqué, se que si intento hablar con alguien ahora, se me va a atragantar y me voy a asfixiar con ella incrustada en la laringe, así que mejor escribir, que aunque no salga, si alivia.
Estoy realmente cabreado y siento cerca esa aptitud oscura que no me gusta sentir, ni que me gusta tener. Pero realmente es la que mejor sabe controlar estás cosas. Ahora un whatssapp de esa persona. Debería mirarlo, seguro que me calmaría y me aliviaría, pero paso porqué la decepción de una respuesta monótona o simple me enfadaría aún más. ¿con quien estoy enfadado? Conmigo mismo, seguramente, otra vez más, no hay mejor enemigo, que le vamos ha hacer.
Es simplemente el odio de sentirme auténticamente incomprendido, de sentirme sólo, de sentir que nadie pude ni quiere comprenderme, que intentar explicar a alguien que me pasa, en busca de algún consuelo, en busca de desahogo, es una empresa inútil. Porqué lo único que voy a sentir es que le da igual lo que le cuento, que no le interesa y que siente, que escuchándome está perdiendo su tiempo. Son pensamientos, absurdos, equivocados, quizás no sean muchas, pero las personas de mi vida en las que confío realmente me quieren, amigos, familiares y por supuesto mi chica.. Pero la ira es irracional y aunque la teoría está clara, lo que siento es lo que siento.
Y siento ira, Por cierto, este es la entrada número 13 de los que llevo de este tipo, buen número, si señor. Como decía, siento ira, siento soledad y siento incomprensión y por algún motivo, no soy capaz de expulsarla, de dejarla ir, noto como se concentra en mí, como me estoy poniendo rabioso, y no la puedo dejar marchar porqué no siento que haya nada ni nadie que pueda aliviarla. De nuevo vuelvo a los pensamientos oscuros, al oscuro pozo, mañana se me pasará, tal vez incluso hoy. Ya no es como ese tiempo en el que estaba sumido noche y día, semana tras semana en este agujero. Hay quien se ha esforzado por sacarme de él. Pero da igual, hoy lo siento, y aunque sea pasajero lo siento. He aprendido a interiorizarla, a no hacer estupideces cuando estoy así, a no ser un peligro para mi mismo, ni meterme en problemas con los que hacerme daño para sacarla... No se si es mejor guardarla y no dejar que salga, a primera vista es menos conflictivo y menos llamativo también.
Bien es cierto que cuando me metía en líos, al menos me duraba hasta que salía del lío, y luego como nuevo. Pero a raíz de que demasiada gente buscara que no me metiera en esas situaciones complicadas en vez de que dejara de sentir lo que me hacía ir a ellos... Simplemente lo interioricé, ahora caigo mucho más hondo y mi mente queda mucho más perturbada, pero ya nadie se da cuenta de estas cosas, nadie tiene que aguantar las historias y las cicatrices sobre lo que pasó, y al fin y al cabo, eso es lo importante ¿no?

Estaré equivocado, así lo pienso, mañana despertaré y ya no lo sentiré, estaré bien y de nuevo alegre bueno y cariñoso con los que me rodean. Pero hoy no lo siento así y sólo puedo sentir ira, deseos de autodestrucción y desconfianza de todo lo externo. Me esta ahogando, este peso casi no me deja respirar, pero tampoco soy capaz de soltarlo. La vida me dio una puñalada en el pecho, tan honda que me impidió hasta el día de hoy confiar cuando más lo necesito. La paranoia ha rellenado los huecos que esa herida dejó, de quien la provocó ya no sé, nada, lo que sé es que ahora, en este momento, con estos sentimientos, quien me hable de hermandad, de confianza, lealtad, honor quien me venga con "cuenta conmigo" quien venga con los brazos abiertos a consolarme y a ayudarme sólo recibirá como visión mi espalda, mientra yo me voy, porque ahora, ahora mismo, así, no puedo confiar en nadie. Así reviente, así me devoré este cáncer espiritual, para volver a estar en paz conmigo mismo, mis valores y mis sentimientos necesito mucho más y se qué nunca voy a poder estar en paz. La expectativa son lapsos llenos de oscuridad como estos, y luego que pase mucho tiempo entre el siguiente. Ensayar la careta que he de poner cuando me pregunten "¿estás enfadado?". Y a seguir sólo contra esto. Estoy hasta la polla es la mejor definición, pero me siento sólo es la verdaderamente correcta.

1/4/17

Vale, pater.

 Ahora yaces en el suelo, inerte... Te lo advertí, no dirás que no te lo advertí...
El sol sale, tímido, tenue, superviviente a una noche invernal llena de oscuridad. Mis ojos se abren cuando uno de esos escasos rayos de sol se posa en mi mejilla. Cuando noto un calor natural en ella, un calor reconfortante, un calor amistoso, un calor como el que no he sentido desde hace demasiado ya. Un calor similar al de un beso, al de una caricia... Casi he olvidado que es eso, sumido en tanta depresión, en tanto estrés, en tanta violencia.
Mis ojos pestañean, se han abierto con calma, con tranquilidad, lentamente, y empiezo a ser consciente de que he despertado, me hayo en ese momento en el que el sueño, aún no ha abandonado del todo tu cuerpo y no recuerdas en el infierno en el que vives.
Un infierno creado por un tirano, cuyos lazos hacía él te impiden reaccionar contra su crueldad... Un infierno innecesario, un infierno que domina un lugar donde sólo habría de haber amor, cariño... Un infierno creado por tu propio padre, por sus abusos y su maltrato, de los cuales ya sólo eres espectador y no víctima... Pues tu tamaño, tu edad, le impiden alzarse más alto, más poderoso, más fuerte que tú, para dominarte.
Día a día lo sufres, lo aguantas, intentas ver a tu padre... Pero sólo ves un monstruo allí donde miras, y el cariño que un día hubieras podido procesar hacía tu progenitor, el amor que debería despertar en ti, se va desvaneciendo, tu paciencia se agota y la máscara de humanidad que el se pone, cada vez tapa peor lo que es en verdad. Al principio intentas mediar entre quien de verdad sufre sus abusos y él, tu madre y tú, no podéis concebir, entender, que eso pase de verdad, que eso esté ocurriendo, pues es normal.
Un padre, un marido, un hombre de verdad no hace esas cosas, un hombre defiende a su familia, y la ama, la protege... Pero eso con lo que convivís no es un hombre... es sólo un saco de mierda al que os cuesta verle su verdadera cara, por lo que se supone que debería ser, pero en verdad no es.
Pero un día eso que fluye por ti, en tu educación, en lo que la sociedad te enseña, esos valores, se agotan y te quitas esa venda de los ojos, esa venda de ingenuidad, esa venda que te hace buscar el lado bueno de alguien, que en verdad, no lo tiene.
Y dices "basta", lo gritas, estallas, te pones en medio, te alzas de pie entre tu pobre e indefensa madre y el monstruo que la aterroriza y la pisotea, te pones en medio, pero esta vez no es para recibir los golpes que son para tu madre e intentar calmar al que los propina... Esta vez agarras sus muñecas, con fuerza. Esta vez no hay compasión, calma o amor. Esta vez hay odio, esta vez hay ira. Y el último resquicio de calma de ti suelta una advertencia. "No vuelvas a ponerle una mano encima a mi madre". No hace falta gritarlo, lo dices a un volumen normal, no necesitas chillar, la frase suena contundente por si sola, refleja toda la amargura de tantos años viviendo con ese monstruo.
Las cosas se relajaran y el volverá a enseñar su rostro más amable y generoso, esperando que os olvidéis de lo ocurrido, hasta la próxima... Ella quizás se olvide. Pero tú... Tú no lo harás.
Pero ahora despierto... Y cuando se ha disuelto el sueño, lo oigo. Oigo lágrimas, y reconozco enseguida de donde vienen, se que está pasando, pero no puedo creerlo, no quiero creerlo, me levanto, quedando erguido sobre la cama. Escuchando con más atención, esperando que no sea lo que parece... Pero las lágrimas y la voz de ese monstruo, justificando por lo que acaba de ver, no dejan lugar a dudas.
Y entonces estallo, pero dentro de mi no hay ira, sólo determinación, voy a acabar con eso ahora mismo.
Llegó y veo en la cocina, ella esta arrodillada, llorando desconsolada y él, de pies... Tiene una mano sangrando, un corte muy, muy profundo, y veo cristales en el suelo, los cristales de una ventana... Se ha cortado con ella seguro, y lo sé, aún sin preguntarlo, lo adivino, aún sin escucharlos, lo averiguo.
Mi prioridad es mi prioridad. Me acercó y veo en su mano un corte profundo, ella intenta esconderlo, sabe que va a pasar. Él se mantiene de pie, no sé a que espera, quizás a que todo salga bien... Imposible. Miro la herida un última vez y sangra, sangra muchísimo. Y entonces la levanto y me la llevo de la cocina. Le digo que vaya a lavársela que vaya a curarla, y en cuanto sale de la cocina cierro la puerta y la atranco.
Me giro y le miro a los ojos. "te lo advertí" digo, y es lo último que él oirá de mí. Me voy a por él, está estupefacto, pone sus brazos en actitud defensiva, está asustado, ahora no es alguien indefenso quien está delante suyo, alguien que le tema... No, ya no.
Le agarro del cuello y empiezo a darle puñetazos, con todas mis fuerzas. En seguida pierde el equilibrio y cae al suelo y yo le sigo, sin soltarle, dándole puñetazos. Dándole sin parar, destrozando su cara. Intenta escapar, y coge uno de los cristales del suelo, e intenta usarlo contra mí, es muy lento, muy viejo, muy inútil, muy cobarde incluso para salvar su propia vida. Agarro su mano de la muñeca y la aprieto, como si mis manos fueran un atenaza, oigo un "crack" y el grita de nuevo, creo que le he roto la muñeca, su mano se afloja y cojo el cristal.
Oigo golpes en la puerta, mi madre me pide que la abra, desesperada. Sabe que está pasando, y quiere evitarlo, no por él, sino por mí, quiere protegerme de mi mismo. Lo único que recibe es un "¡No entres, no entres aquí!" que repito varias veces.
Cojo el cristal, como si de un puñal se tratase, me corta las manos y los dedos, pero no lo suelto, aunque el dolor me arda en mi mano, aunque esta quede inútil para siempre por los cortes. Y empiezo a dar aguijonazos en su cuello, su cara es de impresión... Cómo si hasta ahora, esperara salvarse, esperara que su hijo lo soltase o quizás salir victorioso de algún modo... No ya no va a pasar eso. Ya no.
Mientras la perplejidad bañada de miedo, se adueña de su expresión yo sigo apuñalando su cuello sin soltarlo, no pienso dejar que se me escape. Le repito a mi madre que no entre, la sangre me salpica, estoy empapado, el ya no se mueve, creo que ha muerto, está irreconocible. Me levanto, ahora el monstruo soy yo, un parricida bautizado en la sangre del dragón... Ya no repito a mi madre nada, el escándalo a cesado y ella a dejado de intentar abrir la puerta que nos separa, consciente de que he consumado el castigo que él merecía pero que yo no debía haber sentenciado... Por último miro mi macabra obra. Miro las consecuencias de sus actos, de mi infancia traumática... Le miro a él...

Ahora yaces en el suelo, inerte... Te lo advertí, no dirás que no te lo advertí...

24/2/17

Mis libros 2016.

 Buenas lectores. Para que más preámbulos, ya hemos hecho ésta entrada de los mejores y los peores de... Así que ya sabéis de que va el tema. Éste año 2016 me he leído unos cuantos más de mis doce libros, y buenos, pero seleccionaremos doce. A saber: La batalla de Tebas, Memento Mori, Huye sin mirar atrás, Princesa de hielo, centauros, El último soldurio, la profecía del águila, Cuentos de H. P. Lovecraft, el príncipe en la niebla, ética para amador, Cross y en último lugar la sanguijuela de mi niña.
Me va a costar mucho, pero mucho, escoger tres buenos. Sólo tres buenos. Aunque eso quiere decir que ha sido un buen año de lectura, ya necesitaba leer buena literatura de forma continuada. Po lo tanto escoger tres malos, me va a costar también. Bueno, vayamos allá:

1/2/17

Es hora de despedirse.

 Hola queridos lectores. Os hablo antes de que empiece el último acto de esta obra con tristeza, pero también con esperanza. Sí, no vais mal al leer el título de ésta entrada y procuraré ser honesto con vosotros sin entrar en demasiados detalles.
Resumiendo, va siendo hora de cerrar y buscar otro camino. Este blog llega a su fin.
Este blog nació por mi amor a la literatura, y por mi deseo de ofrecer sin esperanza alguna de retribución, lo que yo pudiera aportar. Quería llenarlo de literatura, mía y de cualquier otro escritor que quisiera hacer su aportación. Quería que fuera un punto de encuentro de escritores y de literatura... Pero el experimiento no salió bien. Ha sido una más de una larga lista de fracasos y frustaciones.
Antes de que el blog naciera, de publicar la primera entrada, quise escribir una serie de entradas, para que por lo menos dos veces al mes, nunca faltaran publicaciones en el blog. Esto es muy esclavo y no siempre es fácil ponerse y escribir la entrada concerniente, a veces falta la motivación, la inspiración o la sincronización con la temática de la historia o los personajes de la misma que quieres contar. Prueba de ello es mi fracasado Aikar, cuyas aventuras han quedado inconclusas... Bueno, algún día les pondré fin, eso queda prometido.
El caso es que han sido demasiadas frustraciones y derrotas las que me ha traído este blog, demasiada la ilusión y esperanza que he puesto en él, quizás si no hubiera esperado tanto no me hubiera llevado tantos golpes.
Pero además hay un último detalle. Y quizás entro demasiado en detalles al contarlo, valga la redundancia, pero bueno, no refrenemos ahora. Este blog está lleno de amor hacía una persona, nunca había sentido tantísimo por alguien, ni tan especial y aunque eso me convierta en un cursi, no me queda otra que reconocerlo, así que intenté con esos relatos pedantemente tiernos hasta decir "basta" regalarle lo que en mi opinión, era lo más especial que podía salir de mí, mi literatura, única e irrepetible para bien o para mal, nadie más puede tener mi estilo, cada persona es un mundo y un mundo imposible de plagiar. Y con ella todo el amor que pudiera mostrar. Pero bueno, hay historias que acaban, y eso no es ni malo ni bueno, es un final, simplemente, un cambio, algo inevitable más tarde o más temprano. Éste blog, y sus entradas están llenos de ese amor, y es prueba del mismo, aunque esa historia haya llegado ya a su fin, y por lo tanto comprenderéis que no quiera seguir con él, no es por ninguna razón, ni positiva, ni negativa, simplemente es el final, y es hora de cerrar este capítulo. Todavía quedan entradas por publicar, entradas que son prueba de eso que digo, y ya no quiero crear más, éste blog tuvo un principio y es hora de darle un final.
Así que simplemente os informo, de que a partir de ahora yo me bajo del barco. Tardaré un poco en corregir y programar las entradas que quedan. Pero yo ya no estaré al otro lado dirigiendo y alimentando con mi ilusión y mi esperanza a este blog que no salió como esperaba. En fin, a Literatuia le queda un año de vida, veinticuatro entradas, a dos por mes, y a partir de ahora vivirá sola y sin supervisión, ni cuidado.
Ha sido un placer escribiros, recibir vuestras pequeñas muestras de apoyo, así que gracias, gracias por vuestra paciencia y por vuestro aguante, empezando por mi mediocridad como escritor y continuando por mi pesadez, que parece que contra más breve intento ser, más extenso acabo siendo. No me extrañaría que me tuvieséis ya aborrecido.
Sigo escribiendo en otros sitios, porque mi amor por la literatura no puede tener final, mientras quede alma o vida en mi cuerpo, al menos. Y si de verdad conseguí despertaros curiosidad por mi persona o más importante aún, por mi literatura, sabreís encontrarme a mí y conmigo a la susodicha allí donde la deje escrita.
En fin, muchas gracias por todo. A los lectores, a los que me han apoyado, a los colaboradores de éste blog, a quien me dió fuerzas e inspiración para crearlo y que es principal protagonista de gran parte de la literatura del mismo, a aquellos que fueron un obstáculo y por último y no menos importante al mismo blog, a la misma "Litaratuia" por ofrecerme la posibilidad de ser lo que he sido, de crear lo que he creado, y por perdonarme por haber sido tan mal padre-creador-escritor.
Cómo mínimo todos me han enseñado algo, todos me han hecho más o menos aportaciones... Y por todo ello, gracias. Y una disculpa a la última mencionada, Literatuia, por mis carencias en su cuidado y paternidad.

Un saludo, queridos lectores, allá donde acabemos, nos leeremos. Adiós.

España es... no es... ¿Qué?

 Hace un tiempo, escuché una cosa, que realmente me fastidió oír. No era la primera vez que la escuchaba, y por desgracia no creo que sea la última. En esta ocasión fue en una emisora de radio y quizás por eso y por otros detalles del contexto en el que lo escuchaba, me molestaba tanto. Lo que oí fue <<España, es una mierda>>. Y realmente me jode escucharla, por lo que significa, por todo lo que conlleva que esa frase sea pronunciada.
En este caso me mosqueó especialmente escucharla primero porqué fue en una emisora de radio regional... Una emisora de radio que para empezar pagamos todos los españoles, imaginaos que tuvierais un restaurante, lo llamarais "fulanito's home" y pagarais porque se os hiciera publicidad en la radio en la tele... Donde fuera, o que por ejemplo patrocinarais una revista o periódico para el mismo fin. Y en el mismo medio en el que os publicitan, o al que patrocináis, dijeran que vuestro local, vuestro negocio, es una mierda. Bueno pues para mí fue un efecto similar. El mantenimiento de esa radio y del gilipollas que cantaba eso, sale de nuestros impuestos, así que pagamos para que digan que España es una mierda... ¿No es maravilloso?
Bueno, quizás algunos no entiendan todavía esto que he dicho, dejad que haga una simple aclaración que puede que después desarrolle más. España, somos nosotros, queridos amigos. Sí, queridas y queridos. España no es la tierra que pisamos, no es la parte de la península que nos toca, no es sólo eso. España, nuestro país, es mucho más. España somos nosotros, es nuestra historia, nuestras costumbres, nuestros detalles, nuestro idioma... Vamos, todas nuestras particularidades, pero sobre todo, la parte más importante de ese conjunto, que forma nuestra patria, somos nosotros, el conjunto de ciudadanos y ciudadanas, que lo conformamos, que la poblamos, le damos identidad y la mantenemos y en teoría protegemos y preservamos. Eso es España. Y cada vez que algún idiota que no tiene ni idea de que está hablando dice <<España es una mierda>> Está diciendo que tú, que yo, que él, que todo lo que nos rodea y nos da identidad como nación, que nosotros, somos mierda. Así es, no hay más. Así que fijaos hasta donde llega el alcance y falta de respeto de esa frase y hasta donde llega la ignorancia del que la dice, fijaos.
Bueno, otra cosa que me jodió, fue que el que decía la frase era un pringado, que decía esa frase para ir de intransigente, nadar a contra corriente, o sobresalir de alguna manera, un pringado que iba de rapero, que no hacía música, hacía mierda, y que iba de políticamente incorrecto para vender más, para llegar más lejos o para creerse más grande. En fin, no tengo nada en contra de ese género musical y no tengo nada en contra de quienes lo escuchan, pero pienso que la música, independientemente del género, debería basar su calidad y su complejidad y profundidad, en los detalles que la hacen mejor, más perfecta, detalles surgidos del trabajo y de la experiencia de su autor... Es decir, su calidad debería surgir de la calidad de su creador para transformar un grupo de sonidos y palabras en algo único y melódico. No en que diga un montón de chorradas y gilipolleces, de tópicos para entrar en una especie de norma intransigente y que la gente que de postureo sigue esa norma aclame algo que es postureo también, independientemente de su calidad musical.
En fin, me jodió que se dijera algo tan gordo para un fin tan estúpido, como era que un niñato se flipara y fuera de algo que no sé ni lo que es ni que me importa, pero que huele a postureo a kilómetros.
Realmente yo no puedo entender que una persona independientemente de su credo personal, de su estilo de vida, de su forma de ser... No puedo entender que independientemente de esos atenuantes, odie su patria. No me cabe en la cabeza, se me hace raro que alguien no sienta ya un mínimo de afinidad por la misma... Pero bueno puedo entender que hay personas que intentan vivir fuera del sistema y que no creen en esa afinidad hacía un tipo de idea... Aunque luego muchos demuestran un fanatismo hacía otras cosas que sobrepasa lo insano... Y porqué tu tengas una bandera de tu país te llaman facha... Pero eso es otra historia, no voy a entrar en más postureos o cosas inentendibles. Vale, entiendo que hay gente que está fuera de este tipo de sentimientos patrios... Pero... ¿Que odien a su propio país...? ¿Que escupan y maldigan sobre él? Es que no me entra en la cabeza, no lo entiendo... Es decir, quizás no vean la definición de su país como la veo yo y cómo la acabo de definir... Pero si no lo ven así, ¿cómo lo ven?
Es que es algo que no entiendo... Es decir, el odio, ya de por si, hacía algo que no te produce ningún mal, ni que alberga ningún deseo de producir tal mal... Ya me parece incomprensible. Ilógico, puedes tener mayor o menor afinidad con un concepto, pero ¿odiarlo? No lo comprendo, me parece tan estúpido cómo los hinchas fanáticos de fútbol que odian a todos los equipos que no sean el suyo e intentan partirle la cara a todo el que no coree sus insignias y ondee sus escudos. Es totalmente estúpido odiar a un concepto del que formas parte, aunque sea a tu pesar. Es estúpido odiar un concepto que te ampara y te defiende. Es estúpido odiar un concepto que en su raíz no alberga ninguna amenaza ni puede albergarla, ni hacía ti, ni hacía los tuyos. Es decir si nuestro país fuera un país hostil que busca dañar a otros países o colectivos... Lo entendería. Pero no es así.

Y lo que más detesto, además de estos estilos y corrientes que no soy capaz de comprender, son las ingentes hordas de postureo que nutren dichas corrientes. Ver a personas que participan de esta forma, nociva ya que realmente es nociva, de pensar y lo hacen por postureo, porqué mola, porqué les conviene, porqué presumen o yo que sé... Ver a personas que escupen sobre su propia historia y los sacrificios que constan en esta, sacrificios hechos para que él tenga el derecho de escupir sobre la misma, para que tenga el derecho de tener libertades que no sabe usar de una forma responsable ni cívica, ya que muchas veces con su uso de libertad coartan el uso de libertad de otro, al recriminarle que piense de una manera distinta a la suya, ya que esta gente, estos posturetas a menudo olvidan que su libertad termina donde empieza la de otro. En fin, si usted, querido lector, también tiene dificultades para entender conductas tan... Tan poco entendibles, consuélese pensando que esos que quemarían su propia patria hasta sus cimientos, según sus propias palabras, tienen el derecho a no contribuir en absoluto a la misma ni a favorecerla de ningún modo, pero también tienen el derecho de absorber de forma todos los beneficios que ésta pueda darles y otorgarles. Así da gusto ser español, ¿verdad? En fin, no voy a caer en el juego de ciertas personas de las que acabo de hablar. Terminaré diciendo que nuestro país, nuestra patria, es decir, nosotros y nuestras particularidades, ventajas y desventajas... Nuestra nación, podrá ser mejor, o peor, podrá estar bien o mal, en lo más alto o en lo más bajo, pero es la nuestra, y como madre, no hay más que una, así que por muy mal que esté todo, por muy disparatado que sea, a mí, por lo menos, nunca me oirá decir <<España es una mierda>>. Eso sí, no le niego que quizás se me escape algún <<Joder con los españoles>>. Cuando mi credulidad se vea agredida por nuevos disparates de esta índole. Le pido disculpas si me oyera esas palabras, por mi falta de entereza. Buenas noches querido lector, y gracias por su atención.